Hace bastantes años atrás (Para que se ubiquen era la época dorada de los diskettes de 3 ½”), estaba en un negocio de venta de celulares a punto de comprar mi primer teléfono: Un Motorola Startac. La vendedora me dijo: “Antes de usarlo, cargalo 24 horas y siempre deja que la batería se agote completamente antes de volver a cargar, de esa forma prolongarás la vida de la batería”. Nada más deseable que mantener la batería en buen estado de salud… ¡Gracias por el consejo! Por supuesto, no sólo lo recordé, sino que lo cumplí al pie de la letra.
Antes de llegar al año de uso, la batería pasó de durar 3 o 4 días a durar con viento a favor y pidiendo aire sólo uno. ¿Por qué? Porque, en su ignorancia, la vendedora en vez de haberme ayudado, me había dado la receta para condenar a una muerte lenta y progresiva la autonomía de mi todavía flamante celular.